sábado, agosto 01, 2015

LECTURAS DEL JUEVES 20 DE AGOSTO DEL 2015.

PRIMERA LECTURA: Jueces 11,29-39.

29El espíritu del Señor vino sobre Jefté, que atravesó Galaad y Manasés, pasó a Mispá de Galaad, de allí marchó contra los amonitas, 30e hizo un voto al Señor:
31-Si entregas a los amonitas en mi poder, el primero que salga a recibirme a la puerta de mi casa, cuando vuelva victorioso de la campaña contra los amonitas, será para el Señor, y lo ofreceré en holocausto.
32Luego marchó a la guerra contra los amonitas. El Señor se los entregó: 33los derrotó desde Aroer hasta la entrada de Minit (veinte pueblos) y hasta Abel Queramin*. Fue una gran derrota, y los amonitas quedaron sujetos a Israel.
34Jefté volvió a su casa de Mispá. Y fue precisamente su hija quien salió a recibirlo, con panderos y danzas; su hija única, pues Jefté no tenía más hijos o hijas. 35En cuanto la vio, se rasgó la túnica gritando:
-¡Ay hija mía, qué desdichado soy! Tú eres mi desdicha, porque hice una promesa al Señor y no puedo volverme atrás.
36Ella le dijo:
-Padre, si hiciste una promesa al Señor, cumple lo que prometiste, ya que el Señor te ha permitido vengarte de tus enemigos.
37Y le pidió a su padre:
-Dame este permiso: déjame andar dos meses por los montes, llorando con mis amigas, porque quedaré virgen.
38Su padre le dijo:
-Vete.
Y la dejó marchar dos meses, y anduvo con sus amigas por los montes, llorando porque iba a quedar virgen.
39Acabado el plazo de los dos meses, volvió a casa, y su padre cumplió con ella el voto que había hecho. La muchacha era virgen.

Explicación.

11,30 Nm 30,1-10.

11,31 Jefté promete al Señor un sacrificio humano, cosa no infrecuente en la época, pero prohibida a los israelitas: Dt 12,31; Lv 18,21; 20,2; 2 Re 3,27; 17,31; Sal 107,38. Naturalmente hay que recordar Gn 22 (Isaac). Designando la víctima de este modo, deja a Dios la elección. El holocausto exige quemar la víctima después de matada. El narrador antiguo no parece condenar el voto. Ni Ben Sira, Eclo 46,11, ni Heb 11,32 hacen reproches o salvedades a Jefté; y la tradición antigua en general alaba y justifica su conducta.

11,32-33 Aunque no se puede identificar con seguridad la zona, parece que se trata de ciudades amonitas en la región suroeste de la actual Amán.

11,33* = Pradoviñas.

11,34 El verso supone que Jefté, antes de salir a la batalla, se había instalado con todos los honores en Mispá; esto habría sucedido cuando juró su cargo. La hija sale conduciendo un grupo de danzantes, véase Éx 15 (María) y 1 Sm 18,6.

11,35 Prov 20,25.

11,37 El sentido más coherente con el conjunto de la narración es que la muchacha llora al tener que morir sin haber sido esposa y madre (véase Is 54,4); muchas madres, jóvenes o no, morían entonces de sobreparto, pero con el consuelo de dar vida a un hijo (véanse por ejemplo Gn 35,16-18, 1 Sm 4,19-21); la hija de Jefté pasa sin dejar rastro vivo.

          Queda su presencia literaria. El autor ha operado con medios en extremo simples, marcando un par de contrastes elementales. Jefté, que "era todo un guerrero", es al término de su victoria un padre destrozado, que apenas puede expresarse, si no es repitiendo el mismo verbo y multiplicando irregularmente la vocal i. La hija es una doncella que sale danzando al encuentro de su desgracia, y que pide una dilación de su sentencia sólo para llorar. Es un momento de la historia que logra conmovernos.

          Pero también nos turba. ¿Es esa muchacha víctima de religiosidad auténtica, o de prejuicios religiosos? ¿Es una víctima ofrecida al Señor de la vida y de la salvación, o a un dios de la guerra y de la muerte, un dios cruel que cobra las victorias en vidas inocentes y jóvenes? ¿Cuál es el sentido de este sacrificio? A lo mejor fue quedar como recuerdo de tiempos superados, como amonestación contra usos paganos; a lo mejor su sentido es seguir denunciando la crueldad de los hombres que siguen ofreciendo víctimas humanas a sus ídolos seculares y crueles. La hija de Jefté y sus compañeras todavía siguen vagando y llorando por los montes.

11,39 2 Re 3,27.

SALMO: 40,5.7-10.

5 ¡Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a idolatrías
que extravían con engaños.

7 Sacrificios y ofrendas no los quieres;
me has cavado oídos;
no pides holocaustos ni víctimas expiatorias.
8 Entonces yo digo: "aquí he venido".
En el texto del rollo se escribe de mí
9 que he de cumplir tu voluntad:
y yo lo quiero, Dios mío,
llevo tu instrucción en las entrañas.
10 He proclamado el derecho
a una asamblea numerosa.
No he cerrado los labios,
Señor, tú lo sabes.


Explicación.

40,5 De la experiencia concreta se remonta a una reflexión general en forma de bienaventuranza. "Idolatrías": otros lo interpretan como hombres arrogantes. Prefiero la antítesis vigorosa, recordando Hab 2,18.

40,7-9 Es importante apreciar paralelismos y correlaciones. En esquema: sacrificios / holocaustos, oídos / escrito, vengo / quiero. El primero es un merismo que abarca el culto. El segundo sugiere un encargo oral y uno escrito. El tercero es correlativo del anterior y se articula en dos piezas complementarias: el acto de presentarse y la disponibilidad para ejecutarlo.

40,7 Los sacrificios se relativizan (Eclo 34,18-35,26). "Cavar los oídos" es metáfora única. La imagen parece fijarse en la hondura corporal que abre el oído hacia el interior del hombre: compárese con Is 50,4s.

40,8b-9 Lo que más interesa del texto es la asimilación del encargo y por implicación del tema. Lo que estaba en un "escrito", pasa a estar "en las entrañas"; el texto de la proclamación está amorosamente asimilado. Compárese con Ez 3,3.

40,10-11 La proclamación se enuncia en cuatro verbos y seis sustantivos. El insistir en formas negativas, el apelar al testimonio de Dios, hace sospechar algún riesgo en el encargo, como si algo grave indujera al silencio. El verbo positivo, "evangelizar", significa en la vida civil anunciar una buena noticia. Es típico del profeta del destierro, que también tropezaba con resistencia y hostilidad: Is 40,9; 41,27; 52,7 y 60,6; 61,1; Sal 96,2. El "derecho" recurre también en Is 41,2-10; 42,6.21; 45,19; 51,1.5.7. Los otros sustantivos, con posesivo "tu", pertenecen a una tradición ancha, también presente en el salterio.
Ahora imaginemos que ha comenzado la predicación, que provoca resistencia, oposición, persecución; el orante invoca el auxilio de quien le encomendó la tarea. Es lo que sigue en 12-18.


TRANSPOSICIÓN CRISTIANA.

La carta a los Hebreos recoge y comenta la parte central del salmo, según la versión griega de los LXX. En vez de "me cavaste oídos", dice "me aparejaste un cuerpo"; traduce "rollo" por "título". De este modo opone el autor a los sacrificios antiguos la entrega del Mesías. De aquí arranca el uso de los antiguos de poner todo el salmo en boca de Cristo y después en boca de la Iglesia.


EVANGELIO: Mateo 22,1-14.

 1 De nuevo tomó Jesús la palabra y les habló en parábolas:
                          2 -Se parece el reinado de Dios a un rey que celebraba la boda de su hijo.
3 Envió a sus criados para avisar a los que ya estaban convidados a la boda, pero éstos no quisieron acudir.
4 Volvió a enviar criados, encargándoles que les dijeran:
                          - Tengo preparado el banquete, he matado los terneros y los cebones y todo está a punto. Venid a la boda.
                         5 Pero los convidados no hicieron caso: uno se marchó a su finca, otro a sus negocios;
6 los demás echaron mano de los criados y los maltrataron hasta matarlos.
                        7 El rey montó en cólera y envió tropas que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a su ciudad.
8 Luego le dijo a sus criados:
                        - La boda está preparada, pero los que estaban convidados no se lo merecían.
9 Id ahora a las salidas de los caminos, y a todos lo que encontréis invitadlos a la boda.
                       10 Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos lo que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales.
                       11 Cuando entró el rey a ver a los comensales, reparó en uno que no iba vestido de fiesta,
12 y le dijo:
                       - Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?
                       El otro no despegó los labios.
13 Entonces el rey dijo a los sirvientes:
                       - Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.
                      14 Porque hay más llamados que escogidos.

EXPLICACIÓN.

1 - 14.            La parábola responde a la actitud de los sumos sacerdotes y fariseos. Dios como rey (5,3.10; 6,10; 18,23); "el hijo del rey" es figura de Jesús; "los invitados", de Israel, (1s). La invitación, rechazada. Insistencia por amor de Israel (3s). Rechazo definitivo: indiferencia, hostilidad hasta el asesinato (cf. 21,35) (5s). De nuevo se anuncia la destrucción de Jerusalén (7). El designio de Dios no fracasa: nuevos invitados, el nuevo pueblo (21,43). Aceptación universal: "buenos y malos" (13,47s). Máxima concurrencia de gente (8s). Escena final inesperada (11-13). "El traje de fiesta" (lit. "de boda"), obligatorio para todos, se identifica con la nueva fidelidad (5,20), es decir, con el cumplimiento de las condiciones para el reino (5,3.10) y para el seguimiento de Jesús (16,24). Exclusión de la comunidad (5,19). Aviso a los cristianos (14). "Hay más llamados", etc., lit. "muchos son llamados, más poco escogidos", modismo semítico que expresa la comparación de superioridad por la oposición de contrarios (cf. Gn 1,16; Lc 14,26, interpretado por Mt 10,37; Rom 9,13).

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