14 Estaba Jesús echando un demonio que dejaba mudo y, apenas salió el demonio, el mudo habló. Las multitudes quedaron admiradas,
15 pero algunos de ellos dijeron:
- Echa los demonios con poder de Belcebú, el jefe de los demonios.
16 Otros, para tentarlo, le exigían una señal que viniera del cielo.
17 Él, calando sus intenciones, les dijo:
- Todo reino dividido queda asolado y se derrumba casa tras casa.
18 Pues si también Satanás se ha dividido ¿cómo va a mantenerse en pie su reino? ..., ya que decís que yo echo los demonios con poder de Belcebú.
19 Ahora, si yo echo los demonios con poder de Belcebú, vuestros adeptos, ¿con poder de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces.
20 En cambio, si yo echo los demonios con la fuerza de Dios, señal de que el reinado de Dios ha llegado hasta vosotros.
21 Mientras el fuerte bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros.
22 Pero cuando otro más fuerte que él lo asalta y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte el botín.
23 El que no está conmigo, está contra mí; y el que no reúne conmigo, dispersa.
EXPLICACIÓN.
D. La llegada del reinado de Dios. 14-36. Tríptico (14-26; 27s; 29-32). La frase inicial menciona una actividad de Jesús que viene de antes; aquí el proceso de liberación llega a su término. El demonio representa una ideología, que, en este caso, encierra al hombre en sí mismo, impidiéndole la comunicación: el exclusivismo de Israel (cf. 1,20.22: mudez de Zacarías).
Tres reacciones: general, de admiración (14, cf. 1,64s); otra, acusación de magia (15: Belcebú, nombre del demonio en la superstición popular; "Satanás", nombre teológico del Enemigo del hombre y de Dios, símbolo del poder y la ambición); tercera reacción: pedir una señal (16: cf. 11,29-32). La liberación del sordomudo, señal mesiánica (7,22; Is 35,5), pero no lo estiman suficiente.
Respuesta a la acusación de magia (agente de Belcebú) (17-23): absurdo que la liberación se efectúe por encargo del opresor (17s). No dirán que sus exorcistas están también en favor del demonio que intentan expulsar (19). La fuerza de Dios, lit. "el dedo de Dios", en Éx 8,15, causante de una plaga en Egipto, que endureció al faraón; la acción liberadora ya no se ejerce por medio de plagas, sino directamente con el hombre, aunque causa en algunos el mismo endurecimiento. Conclusión: el reinado de Dios está presente (20).
El fuerte (21), figura de Satanás; el palacio, en paralelo con el del sumo sacerdote (22,55): el poder religioso establecido está incluido en la figura de Satanás. Jesús es "el más fuerte" (cf. 3,16). La actividad de Jesús se propone desmantelar la institución judía (22). Hay que tomar partido: quien no se asocia a esa actividad se declara enemigo de Jesús. Con esta labor, Jesús va reuniendo el trigo en el granero (3,17); quien no colabora, pone obstáculos a esa cosecha (23).
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jueves, marzo 01, 2012
miércoles, febrero 01, 2012
MIÉRCOLES 8 DE FEBRERO DEL 2012. Mc 7,14-23.
14Y convocando esta vez a la multitud les dijo:
-¡Escuchadme todos y entended! 15Nada que entra de era puede manchar al hombre; no, lo que le sale de dentro es lo que mancha al hombre.
17Cuando entró en casa, separándose de la multitud, le preguntaron sus discípulos el sentido de la parábola. 18El les dijo:
-¿Así que tampoco vosotros sois capaces de entender? ¿No os dais cuenta de que nada que entra de fuera puede manchar al hombre? 19Porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.
(Con esto declaraba puros todos los alimentos.)
20Yañadió:
-Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre; 21porque de dentro, del corazón del hombre, salen las malas ideas: incestos, robos, homicidios, 22adulterios, codicias, perversidades, fraudes, desenfreno, envidia, insultos, arrogancia, desatino. 23Todas esas maldades salen de dentro y manchan al hombre.
EXPLICACIÓN
(7,14-15): Jesús convoca a los seguidores no israelitas (14: la multitud, d. 3,32; 5,24b); de ellos y de los discípulos espera que, a diferencia de «los de fuera», oigan y entiendan (cf. 4,12). Los discípulos se identifican así con «los Doce», y la multitud con «los que estaban en torno a él» de 4,10. Les expone el principio válido para la humanidad judía y pagana: nada externo puede separar al hombre de Dios, sólo el hombre mismo puede causar esta separación. Algunos mss. añaden el v. 16: «Si uno tiene oídos para oír, que escuche», cf 4,9.23.
(7,17-23): Los discípulos no comprenden un dicho que suprime la diferencia entre Israel y los paganos. Se separan de los otros seguidores y preguntan a Jesús en privado, interpretando el dicho como una parábola (4,11: las parábolas son para "los de fuera») (17). Jesús se lo reprocha: están a la altura de "los de fuera» (¿tampoco vosotros?, cf.4,11s) (18). Les explica el dicho (cf. 4,34): es la conducta injusta con los demás y el egoísmo, manifestado por la ambición de dinero (codicia) o el desenfreno de las costumbres lo que mancha al hombre. La relación con Dios no depende de la observancia de normas o de gestos religiosos, sino de la relación con los hombres (18-23).
-¡Escuchadme todos y entended! 15Nada que entra de era puede manchar al hombre; no, lo que le sale de dentro es lo que mancha al hombre.
17Cuando entró en casa, separándose de la multitud, le preguntaron sus discípulos el sentido de la parábola. 18El les dijo:
-¿Así que tampoco vosotros sois capaces de entender? ¿No os dais cuenta de que nada que entra de fuera puede manchar al hombre? 19Porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.
(Con esto declaraba puros todos los alimentos.)
20Yañadió:
-Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre; 21porque de dentro, del corazón del hombre, salen las malas ideas: incestos, robos, homicidios, 22adulterios, codicias, perversidades, fraudes, desenfreno, envidia, insultos, arrogancia, desatino. 23Todas esas maldades salen de dentro y manchan al hombre.
EXPLICACIÓN
(7,14-15): Jesús convoca a los seguidores no israelitas (14: la multitud, d. 3,32; 5,24b); de ellos y de los discípulos espera que, a diferencia de «los de fuera», oigan y entiendan (cf. 4,12). Los discípulos se identifican así con «los Doce», y la multitud con «los que estaban en torno a él» de 4,10. Les expone el principio válido para la humanidad judía y pagana: nada externo puede separar al hombre de Dios, sólo el hombre mismo puede causar esta separación. Algunos mss. añaden el v. 16: «Si uno tiene oídos para oír, que escuche», cf 4,9.23.
(7,17-23): Los discípulos no comprenden un dicho que suprime la diferencia entre Israel y los paganos. Se separan de los otros seguidores y preguntan a Jesús en privado, interpretando el dicho como una parábola (4,11: las parábolas son para "los de fuera») (17). Jesús se lo reprocha: están a la altura de "los de fuera» (¿tampoco vosotros?, cf.4,11s) (18). Les explica el dicho (cf. 4,34): es la conducta injusta con los demás y el egoísmo, manifestado por la ambición de dinero (codicia) o el desenfreno de las costumbres lo que mancha al hombre. La relación con Dios no depende de la observancia de normas o de gestos religiosos, sino de la relación con los hombres (18-23).
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