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miércoles, febrero 01, 2012

MIÉRCOLES 1 DE FEBRERO DE 2012. Mc 6,1-6.

(Mt 13,53-58; Lc 4,16-30)


1bFue a su tierra, seguido de sus discípulos. 2Cuando llegó el día de precepto se puso a enseñar en la sinagoga; la mayoría, al oírlo, se decía impresionada:
-¿De dónde le vienen a éste esas cosas? ¿Qué clase de saber le han comunicado a éste, y qué portentos son esos que le salen de las manos? 3¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago y José, de Judas y Simón? y ¿no están sus hermanas aquí con nosotros? y se escandalizaban de él.
4Jesús les dijo:
-Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian a un profeta.
No le fue posible de ningún modo actuar allí con fuerza; sólo curó a unos pocos enfermos aplicándoles las manos. 6y estaba sorprendido de su falta de fe.
Entonces fue dando una vuelta por las aldeas de alrededor, enseñando.


EXPLICACIÓN.


1b-6. Colofón de la segunda sección: No se nombra a Nazaret, porque su tierra/su patria es el pueblo judío (1b). La escena tipifica la actitud hacia Jesús de la mayoría del pueblo, identificado con la postura de los letrados (3,22). Nadie acude a Jesús a su llegada: rechazo. Primer contacto, el día de precepto, en que tienen que ir a la sinagoga. Están impresionados por su enseñanza, pero no reconocen que su autoridad sea la del Espíritu (cf 1,22). No pronuncian su nombre, sólo pronombres despectivos para él y su actividad (éste, eso). Si su autoridad no es de Dios, no puede ser más que del demonio (d. 3,22: agente de Belcebú); por eso dan sentido peyorativo a su saber (magia) y lo mismo a su actividad (no «hace» prodigios, le salen, como instrumento de otro). Hijo de María, indigno de llamarse hijo de un padre. Rechazo total (cf. 3,31ss: «madre y hermanos»), Jesús se presenta como profeta, es decir, como inspirado por el Espíritu de Dios, desmintiendo la acusación de magia (4). La falta de fe impide su actividad. En lugares periféricos sí escuchan su enseñanza (5-6).

domingo, enero 01, 2012

Miércoles 18 de enero del 2012. Mc 3,1-6.

3 1Entró de nuevo en la sinagoga y había allí un hombre con el brazo atrofiado. 32Estaban al acecho para ver si lo curaba en sábado y presentar una acusación contra él. 3Le dijo al hombre del brazo atrofiado:
-Levántate y ponte en medio.
-Y a ellos les preguntó:
-¿Qué está permitido en sábado, hacer bien o hacer daño, salvar una vida o matar?
Ellos guardaron silencio. 5Echándoles en torno una mirada de ira y apenado por su obcecación, le dijo al hombre:
-Extiende el brazo.
Lo extendió y su brazo volvió a quedar normal.
6 Al salir, los fariseos, junto con los herodianos, se pusieron enseguida a maquinar en contra suya, para acabar con él; 7aJ esús, junto con sus discípulos, se retiró en dirección al mar.


Explicación.
De hecho, el precepto se ha convertido en instrumento para inutilizar al hombre; lo incapacita para ser imagen de Dios impidiéndole su actividad (brazo atrofiado; cf. Gn 1,28; 2,5: «dominar la tierra», «trabajar») (1). El inválido, único presente en la sinagoga aparte de Jesús y los fariseos, representa al pueblo sometido a la institución. Jesús pretende curar; sus enemigos, denunciarlo. La reincidencia en la violación del precepto sabático, después de una primera advertencia (2,24), estaba penada con la muerte (2). Poniéndoles delante la situación del pueblo (en medio) (3), intenta hacerlos reflexionar. El bien del hombre, valor supremo que relativiza o anula la Ley. Silencio hostil de los fariseos, enemigos de Jesús y del hombre (4). Ira de Jesús por el daño que hacen y pena por su ceguera voluntaria; en ambas reacciones, amor al hombre. Jesús arriesga su vida al devolver la capacidad de acción al inválido/pueblo; demuestra así que el bien del hombre es el valor supremo (5). Los jefes espirituales y los judíos galileos partidarios del
régimen de Herodes (los herodianos, cf. 6,21), no toleran la emancipación del pueblo (6).

domingo, noviembre 06, 2011

Lunes 7 de noviembre del 2011. Lc 17,1-6.

17 1 Y dirigiéndose a sus discípulos les dijo:
- Es inevitable que sucedan esos escándalos, pero ¡ay del que los provoca!
2 Más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
3 Andaos con cuidado.
Si tu hermano te ofende, repréndelo; y, si se arrepiente, perdónalo.
4 Si te ofende siete veces al día y vuelve siete veces a decirte: "Lo siento", lo perdonarás.

CALIDAD DE LA FE E INUTILIDAD DE LA OBSERVANCIA.

5 Los apóstoles le pidieron al Señor:
- Auméntanos la fe.
6 El Señor contestó:
- Si tuvierais una fe como un grano de mostaza, le diríais a esa morera: "quítate de ahí y tírate al mar", y os obedecería.


Explicación.

Después de la denuncia de los fariseos, Jesús quiera atajar su influjo sobre los discípulos (cf. 12,1b). Por eso, esta instrucción está planteada desde la mentalidad farisea que Jesús quiere combatir en los suyos.

Estos pequeños (2) se contraponen al "más grande" (cf. 9,46-48, el caso del "chiquillo"). La actitud que escandaliza es la propia de los fariseos, la ambición de grandeza y preeminencia (16,15). Los pequeños (estos los designa como presentes) son discípulos de Jesús que no pertenecen a los Doce/Israel mesiánico. Seria advertencia a los discípulos (3a, cf.12,1b; 20,46). Recomponer la unidad (3b): perdón indefinido (4), contra el rigor fariseo (cf. 6,36s).

Colofón (5-10). Apóstoles, es decir, enviados/misioneros, los Doce (6,13) (5), petición en vista de la misión. El Señor (6), denominación de Jesús resucitado: sus palabras, válidas para cualquier ocasión.

Rechaza la petición (6): fe auténtica, aunque sea mínima; siendo la fe/adhesión una disposición del hombre, no puede añadirse desde fuera; si es verdadera y el hombre colabora, irá creciendo como el grano de mostaza (13,19). La morera, como la higuera (13,6-9), es figura de la institución judía.

En lenguaje figurado, Jesús les indica que la fe exige una ruptura radical con esa institución y con sus principios; para eliminar ese sistema de injusticia (os obedecería), la ruptura ha de ser tal que incluya el deseo de su desaparición (tírate al mar). Con ese deseo y objetivo ha de ejercerse la misión ("apóstoles"); los Doce no lo tienen, por eso la misión no progresa (cf. 9,37-43).